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Salud mental, precariedad y capitalismo voraz – Porque la austeridad mata y el activismo sana

20 julio 2018
Salud mental, precariedad y capitalismo voraz – Porque la austeridad mata y el activismo sana

Programa “Básicamente Precarias” del 19 de julio de 2018.

 

En la undécima emisión de la onda básica de Ágora Sol Radio,  conversamos con Carmen Cañada, una de nuestras básicas, sobre salud mental, capitalismo y precariedad. Conectamos vía telefónica con el autor del manual de optimismo ilustrado “Mi cabeza me hace trampas”, Carlos Mañas, que conoce muy bien el estigma de la enfermedad mental y con Fuad, de Sant Vicenç dels Horts, Barcelona, que tras años en el circuito de los servicios sociales y sanitarios de salud mental, vive en primera persona sus efectos y los de la precariedad y el desamparo, cosa que no ha impedido que reivindique sus derechos y los de las demás personas que le rodean, incluso en el Pleno del Ayuntamiento, que es donde lo encontramos cuando lo llamamos, acompañado de la marea básica santvicentina.

Obra II Certamen UMASAM de pintura 2017

Cada vez es más común ponerle un diagnóstico a la cotidianidad, a la cruda realidad que vivimos, hasta el punto de que muchas veces se nos borra la sonrisa de la cara…

Avanzamos a duras penas en una sociedad medicalizada en la que nos culpan y nos autoinculpamos por no llegar a a fin de mes, por no conseguir unos objetivos que no siempre son posibles ni factibles, donde el acoso está institucionalizado. Donde protestar, disentir, pensar por ti misma o alzar la voz puede suponer un problema. Y quizá haya quien piense que todas estamos un poco locas por hacerlo, pero lo que está verdaderamente enfermo es el sistema y nos enferma cada día a golpe de recorte y leyes mordaza, con unas políticas “antipersona” en la que priman los mercados por encima de la vida y de la salud pública.

Donde nos exigen ser como no somos para integrarnos y nos culpabilizan por ser como somos y tratar de cambiarlo…

Hablamos sobre el estigma de la enfermedad mental y de la precariedad. Porque la caridad y el asistencialismo no sólo no asisten, sino que estigmatizan e impiden salir de ciertas situaciones que se perpetúan de modo paternalista e ineficaz con los servicios públicos (o concertados) de protección social.

Del otro lado, las redes de apoyo mutuo y los movimientos sociales, que sanan proporcionando soporte y acompañamiento y gracias a los cuales muchas de nosotras aún conservamos la dignidad y la sonrisa, esas que ya no podrán embargarnos.

 

En este artículo se defiende la renta básica incondicional desde una perspectiva de los derechos humanos fundamentales. Una Renta Básica implica una seguridad económica, una condición del todo necesaria e imprescindible para poder optar a una vida digna y, por ello, un pilar para favorecer también una buena salud mental a toda la ciudadanía.

Derechos humanos y salud mental. La Renta Básica en la agenda // Sergi Raventós y Hernán María Sampietro

Esta orientación de las políticas sanitarias locales sigue las directrices marcadas desde Europa. Así, el Plan de acción europeo por la salud mental 2013-2020 tiene entre sus objetivos específicos:

  • 3r Objetivo: “Promoción de un abordaje basado en los derechos humanos, que prevenga la estigmatización, la discriminación y la exclusión social.”
  • 4º Objetivo: “Desarrollo de un enfoque basado en la comunidad, orientado a la recuperación y a la inclusión social, que centre las intervenciones asistenciales en las fortalezas y las capacidades de las personas.”

[…] Tanto en el Reino de España como en otros países de nuestro entorno, la realidad señala que el paro y la exclusión del mundo laboral son dos situaciones habituales que solemos sufrir la mayoría de personas cuando recibimos un diagnóstico de trastorno mental severo. No existe ningún otro colectivo con unas cifras de paro tan elevadas. Según un reciente estudio, en España 5 de cada 6 personas (el 85,7%) con un grado de discapacidad por motivos de salud mental no tiene empleo. De entre todas las discapacidades (físicas, sensoriales, psíquicas) las personas con problemas de salud mental tienen la participación en el mercado laboral más baja. […]

Más allá del paro estructural, otro factor de exclusión social tiene que ver con los trabajos precarios y mal remunerados que no permiten salir de la pobreza. Situación que afecta a una alta proporción de las personas asalariadas y no sólo a quienes llevan un diagnóstico. En este sentido, la Organización Internacional del Trabajo, en su informe: Perspectivas sociales y del empleo en el mundo – Tendencias 2018, nos alerta de que, en el 2017, 1.400 millones de personas tenían empleos precarios -lo que representa el 45% de las personas empleadas en el mundo-, y que la pobreza laboral es una situación generalizada que va en aumento.

En la relación entre trabajo y salud mental encontramos una co-relación, una retroalimentación del ciclo patológico de la exclusión social. Aquí, es necesario tener en cuenta que la exclusión social no se reduce a la pobreza económica (aunque la incluya), sino que también supone una barrera y/o una mayor dificultad para las oportunidades de formación, crecimiento personal y participación en la sociedad; afecta la autoestima, las relaciones sociales y el bienestar emocional.

En este sentido, según la evidencia empírica el desempleo es un factor iatrogénico para la salud mental, así como también una causa de precipitación de trastornos mentales, incrementando significativamente el riesgo de ingreso psiquiátrico para las personas con periodos de paro de más de seis meses. En este sentido, se ha observado que el 5,6% de las personas con empleo padecen depresión, en las desempleadas el índice es del 12,4% y en las que llevan más de 6 meses y medio en esta situación asciende hasta el 18%.

Está claro que los recursos económicos son determinantes. Algunos autores han estimado que quedarse en el paro sin prestación puede aumentar hasta tres veces los riesgos de padecer problemas de salud mental en el caso de profesionales y si se pertenece a la clase obrera puede llegar hasta siete veces más. […]

Ahora bien, la idea de que el trabajo dignifica o es una fuente de bienestar es un mito a revisar. Trabajar puede ser saludable o enfermarnos en función de las condiciones laborales. Un empleo precario, inestable, de baja consideración social, para el que estamos sobre cualificadas, con bajos sueldos, elevado estrés y exigencias, amenazas de despido y/o escaso control sobre la tarea desempeñada, es un importante factor de malestar psíquico y una posible causa del desarrollo de un trastorno mental. […]

[…] Para concluir, creemos que una Renta Básica ampliaría el abanico de oportunidades vitales para las personas con la experiencia del trastorno mental -empleos parciales, empleos en entornos protegidos, voluntariado, estudios, reciclaje profesional, etc.-, al cubrir necesidades básicas sin presión social ni estigma. Esto revertiría positivamente en el bienestar emocional y en las oportunidades de desarrollar un proyecto de vida, siendo inclusivas con todas las personas, más allá de sus circunstancias o dificultades, protegiendo y aumentando el poder de negociación también a quienes no tienen la posibilidad o el deseo de emplearse en el mercado laboral. (Ver decálogo en el enlace al artículo completo) […]

No Te Rindas – Acampada Sol por los DDHH (2017)